Regalos y regalos: los cumpleaños de nuestros hijos

Durante mucho tiempo hemos podido ver diferentes maneras de enfocar los cumpleaños infantiles: fiestas en casas, en parques, en zonas de juegos, en restaurantes de comida rápida, con toda la clase, con unos amigos y amigas, con familia, sin familia, con 25 regalos abiertos frenéticamente, con un único regalo de parte de todos, sin regalos,… Con la idea de pasar un día especial, ¿somos siempre conscientes de lo que estamos transmitiendo?

Hace ya unos cuantos años que tenemos por costumbre regalar algo hecho por los niños con nuestra ayuda preferiblemente de manera manual y con el máximo de materiales reciclados. Después de meditarlo optamos por esta opción por diversos motivos:

– Da valor al regalo: ha costado un esfuerzo fruto de la propia creatividad.

– Pienso en tí: deseo de crear algo que agrade a la otra persona. Se trata de tener presente la empatía.

– Sostenibilidad: se pueden hacer maravillas con aquellas maderas viejas, cartones, clavos,… Comprar es fácil. Crear es más difícil, pero más satisfactorio.

– Complicidad: las ideas que podemos apoyar, complementar y acompañar los padres crean complicidades y comunicación, historias cercanas y establecer raices que nos sostienen pero que no nos inmobilizan.

– Valor: las cosas cuestan tiempo y esfuerzo. Valen lo que hemos vivido que cuestan. Ir a la tienda y que lo compren los padres es fácil. Crearlo yo mismo es costoso y difícil. El valor de ambas cosas es muy diferente para un niño.

– Autoestima: soy capaz, soy útil y sé hacerlo. Me equivoco. Lo acepto y lo mejoro.

Hoy hemos estado preparando durante toda la mañana un regalo de cumpleaños para una compañera de clase de Aleix. Mañana lo celebran y tenía mucha ilusión en preparar una manualidad con una amiga, su hermano y nuestro apoyo. Recordó una de mis ‘batallitas’ en que le explicaba que muchas veces me tenía que hacer mis propios juguetes, debido a la situación muy humilde de mi procedencia. A menudo era una buena solución en mi infancia. Recordó cuando le expliqué que me hacía juegos de ‘pinball’. Y quiso hacer uno para su amiga. Un par de maderas recicladas, unos clavos, unas gomas de hacer pulseras, dos pinzas y su ya inseparable pistola de silicona. Un gran ‘pinball’ que han hecho con esfuerzo, ilusión y mucha creatividad. Os dejo un vídeo con algunas imágenes del proceso. Y, al final, unas piruletas de caramelo de fresa caseras. Me las enseñó a hacer mi madre de niño. Y yo, hoy, a ellos. Seguro que algún día ellos podrán hacer lo mismo en el futuro.

Ha sido un día genial. ¡Esperemos que mañana le guste el regalo a su amiga! ¿Quereis jugar?

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¡Ah! Y si un día no hay tiempo y hay que comprar un detallito… ¡tampoco se acaba el mundo!

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