La importancia de que el centro de la vida familiar no sea… ¡la pantalla!

Pese a que en la gran mayoría de los hogares, por no decir en casi todos, la televisión ocupa el lugar más importante de la casa y centra la atención de todos de la mañana a la noche, existen escasos estudios que investiguen la relación entre rendimiento académico y uso de pantallas (videojuegos y televisión). En un estudio de Badia et al (2015) se encontró que existe una relación entre el tiempo que se pasa viendo la televisión y el rendimiento académico (en una muestra de 711 estudiantes de 6 a 13 años de Cataluña y Baleares). Los estudiantes que más televisión consumían obtenían peores resultados de manera significativa en comparación con sus homólogos que menos televisión consumían.

Por otro lado, múltiples son los estudios que relacionan agresividad y violencia con el consumo de «pantallas» inadecuadas para las necesidades y edades de los niños y niñas. Un ejemplo de ello (Dávila de León et al, 2018) revisan la exposición de los niños a violencia en televisión durante los años 2000, 2005 y 2012 en que concluyen que la regulación no es efectiva y los menores siguen expuestos a una gran cantidad de violencia o de contenidos inapropiados. Otras muchas consecuencias se derivan de ello, pero eso ya es un tema de un análisis más exhaustivo.

Y ahí entra la necesidad de que las familias le den la importancia que merece. Si no queremos que sean los programadores de las cadenas televisivas los que decidan qué consumen nuestros hijos e hijas la solución es fácil: no les demos ese poder. Una solución puede ser retirar el televisor del lugar más importante del hogar. Éste suele ser la sala de estar o la cocina. También se puede optar por eliminar la presencia del televisor en casa ya que en el presente el consumo de televisión está variando de manera radical por una autoregulación mayor en los medios digitales. El usuario es quien decide y no el programador de turno. Que nuestros hijos e hijas quieran comprar los cereales que les gusten y no los que regalan tal juguete que vieron en televisión.

Otro aspecto clave es el modelo. Si nosotros encendemos el televisor nada más despertarnos, nuestros pequeños aprenden de ello. Si nosotros leemos al llegar a casa, nuestros pequeños aprenden de ello. La decisión es nuestra. Las familias tenemos más poder del que creemos. Dejar las pantallas para el fin de semana, por ejemplo, abre un mundo de posibilidades y creatividad inmensa. Un regalo de huecos de tiempo para llenar en familia.

¿Os atrevéis a intentarlo?

REFERENCIAS:

Badía Martín, M.d.M., Clariana Muntada, M., Gotzens Busquets, C., Cladellas Pros, R. y Dezcallar Sáez, T. (2015). Videojuegos, televisión y rendimiento académico en alumnos de primaria. Píxel-Bit. Revista de Medios y Educación, 46, 25-38.

MC Dávila de León, JC Revilla Castro, C Fernández-Villanueva (2018): “Más allá de la mera exposición: Violencia en televisión en horario protegido”. Revista Latina de Comunicación Social, 73, pp. 352 a 368.

 

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