¡Quítale el móvil que yo no puedo!

Hace unos años, o meses, … ahora no quiero recordarlo … que me detuvo un padre de una alumna de 13 años de mi instituto cuando caminaba por la calle sobre las siete y media de la tarde. Se acercó hacia mí y me preguntó, un poco alterado, diferentes preguntas sobre el uso del móvil de su hija. Me dejó un poco perplejo, la verdad. No me esperaba que llegamos a estos extremos. Recrearé la conversación, aunque sea para tenerla de recuerdo en la bolsa (o el saco) del anecdotario personal:

  • Eh! Eres el director del instituto, verdad? Contigo quería yo hablar!
  • Vaya, dispense, estoy a punto de entrar en la óptica, pero dígame.
  • Pues hace tiempo que tengo pensado que quiero hablar contigo, porque hace tiempo que estoy muy preocupado por el uso que mi hija hace del móvil. Cuando llega del instituto coge el móvil y no lo deja hasta las 12:30 de la noche.

Hasta aquí, es una de las cientos de conversaciones que tenemos los docentes con las familias durante los últimos seis o siete años. Los grandes problemas de adicción al móvil que está generando la presencia de este aparato a edades cada vez más tempranas y sin ningún tipo de control parental. Pero continuaré con la conversación, para relatar lo que más me sorprendió. Después me dijo:

  • Pues eso, que no deja el móvil en toda la tarde y noche y hace tiempo que me pregunto: ¿QUÉ PIENSAS HACER AL RESPECTO? Por qué ESTO NO PUEDE SER!

Ante mi sorpresa, le pregunté si tenía conocimiento de la gestión y regulación que teníamos del uso de los móviles en el centro, ya que lo teníamos muy regulado en la normativa de organización y funcionamiento, el plan de acción tutorial, dentro de cada programación donde el profesorado puede utilizar como herramienta pedagógica, con las charlas de los Mossos d‘Esquadra de internet segura, … y un largo etcétera.

Me dijo que no lo sabía, pero que a él lo que le preocupaba era qué hacer cuando no estaba en el instituto y me reiteraba la pregunta: ¿QUÉ PIENSAS HACER?

Siguiendo la conversación …

  • Siento comentarte que si está contigo en casa, deberás sentarse con ella y establecer unas normas, como por ejemplo, que tenga el móvil unas horas determinadas cada día. Llegar a unos acuerdos, podría …
  • Sí, hombre, ¡que fácil! Si le digo algo eso me supondrá un enfrentamiento con ella terrible!
  • Siento comentarte que, tarde o temprano, tienes que poner límites a tu hija, y esto puede suponer enfrentamientos. Y más aún si no le has puesto hasta ahora. Te vuelvo a comentar que deberías sentarte y hablar de ello, podrías

Viendo que no le gustaba mi respuesta, propuso una solución mucho más lógica …

  • ¿Y si haces una reunión con todos los padres y les dices que sus hijos sólo se puedan conectar todos una o dos horas cada día?

La conversación se prolongó un buen rato más, como se puede imaginar. Evidentemente, llegué tarde a la óptica.

Llegado este punto pregunto: ¿qué está pasando? Estas familias que manifiestan una clara desorientación hacia las nuevas tecnologías (que ya no son tan nuevas) y con un estilo educativo indulgente o negligente nos llevan a una situación de difícil y compleja solución donde toda la sociedad debemos dar soluciones, aparte de los centros educativos, evidentemente.

1. Hacia una alfabetización digital de las familias.

Sabemos que internet tiene muchos peligros, pero aún más aplicaciones como Periscope, SNAPCHAT, Ask (que aún funciona), Instagram, Facebook, Twitter, Musical.ly… Para empezar, un menor de 14 años no puede estar registrado en redes sociales. Pero la gran mayoría lo están y las familias lo saben y lo permiten.

Saben las familias que al entregar un móvil a sus hijos los están dejando acceso al mundo? Dejarían al su hija sola en medio de una ciudad desconocida? Y por qué lo hacen con el móvil?

2. Es necesario que revisemos los estilos educativos de las familias.

Conocedores de los cuatro estilos educativos resultantes (Lamborn et al. 1991) de combinar si una familia entrega apoyo y / o control tenemos que:

  • Familias autoritarias: excesivo control y falta de apoyo.
  • Familias con autoridad: ofrecen control y apoyo.
  • Familias indulgentes: no ofrecen control y excesivo apoyo.
  • Familias negligentes: no ofrecen ni apoyo ni control.

Cada vez encontramos más familias con un estilo educativo indulgente y negligente. Este padre con el que conversé es evidentemente un estilo indulgente o negligente (desconozco el apoyo que ofrece, pero el control es totalmente ausente).

Tenemos que ir hacia un estilo educativo con autoridad, donde la familia ofrece apoyo y control adecuado.

3. Hay que empoderar a las familias en el uso de la tecnología de sus hijos e hijas.

A menudo es común encontrar comentarios del tipo:

  • Es que ellos saben mucho más que nosotros.
  • Mi hijo ya me lo instalará en el móvil.
  • Cualquiera le dice que no, todos lo tienen!
  • Yo le dejo el móvil bueno a mi hijo y yo ya me quedaré el viejo.

Quien entrega un móvil a su hijo y le permite es la familia. Nadie más. Así que es quien tiene la responsabilidad en ejercer el control que se requiere.

Son las familias que tenemos la responsabilidad de esta gestión. Encontraremos el asesoramiento de las instituciones educativas, de entidades sociales, de organizaciones y centros de estudios … pero es nuestra responsabilidad, y aquí también ya hablo como padre, la de gestionar este aspecto con nuestros hijos e hijas.

Así, o nos alfabetizar digitalmente, aplicamos estilos educativos adecuados y concienciarnos de que es nuestra responsabilidad o nos espera un futuro muy, muy difícil … como el de la siguiente fotografía? ¡Pongámonos en ellos, el futuro bien lo vale!

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