Categorías
Sin categoría

Peleas entre hermanos y hermanas. ¿Qué hacer?

Conflictos entre los hijos. Aprender a resolverlos.

En este articulo hablaremos de los conflictos que se dan entre hermanos y hermanas. Es prácticamente imposible encontrar una casa con hijos e hijas sin que existan discusiones o peleas. Aunque a menudo a los padres y a las madres nos desespere y nos quedemos deseando que eso no ocurra, es inevitable. Tenemos que ver que es una oportunidad para educar.

Como decíamos, en primer lugar es muy importante ver los conflictos y peleas entre hermanos como una oportunidad de educar. Tenemos que estar deseando que esa situación llegue aunque a menudo ocurre lo contrario. Es ideal para acompañarles en el aprendizaje de resolver esas situaciones.

Es muy diferente en función de las edades de nuestros hijos e hijas. No es lo mismo un conflicto entre niños de 3 o 4 años que entre adolescentes de 14 o 15. Aunque la manera de actuar es prácticamente la misma con unas orientaciones muy claras y muy directas, el contenido puede ser muy diferente.

Así, en resumen, si tenéis hijos e hijas, es totalmente normal que se peleen y que discutan. Nuestra manera de reaccionar y de acompañarles será la clave para vivirlo como una situación de aprendizaje o algo problemático que provoque mucho sufrimiento.

Veremos unos consejos muy directos de como gestionarlo. Tendréis que elegir entre las dos posibilidades de actuación como padres y madres en la resolución del conflicto: como juez o como mediador.

Si actuamos como juez vamos a intentar resolver el conflicto para poder dictaminar quién de los dos tiene razón. Seremos una persona que evaluará quién tiene razón y quién tiene la culpa. Ésto no es lo mejor educativamente hablando. Si elegimos el rol de mediador o mediadora, les podremos acompañar en la gestión, educando en la resolución de conflicto. Pensad en vuestro rol, ¿actuáis como juez o como mediador?

En caso de elegir el rol de juez con la idea de resolver el conflicto rápido y con nuestro poder, lo que estamos haciendo es que nuestros hijos e hijas piensen que ellos no pueden resolver el conflicto. Están pensando que somos nosotros, los adultos, los que debemos resolverlo. Ellos se van a desentender de la resolución del conflicto y cada vez que tengan alguna pelea van a acudir a nosotros para que lo resolvamos. No educamos. Sólo resolvemos y tapamos una situación tapando la base del conflicto.

Si elegimos el rol de mediador, les acompañaremos en la resolución del conflicto y aprenderán que la responsabilidad es suya. En caso de que se vuelva a repetir serán ellos y ellas los que apliquen las herramientas para resolver el conflicto.

Entre juez y mediador está claro: debemos elegir el rol de mediación.

Otro consejo para ver cómo podemos actuar, en primer lugar, es la prevención. Es mejor prevenir el conflicto que actuar una vez éste ha explotado. Cuando explota un conflicto entre hermanos con una disputa importante se hace difícil mediar, más bien toca hacer de bomberos para apagar la situación, pero sin juzgar. Así, hay que hablar mucho con los hijos sobre conflictos antes de que ocurran, de manera hipotética. Tampoco es bueno mediar cuando el conflicto ha sido muy elevado y las emociones están a flor de piel. Es mejor esperar unas horas o al día siguiente para poder resolverlo con tranquilidad y la pausa que requiere. No importa si el conflicto queda latente hasta su buena resolución.

La manera de actuar en el momento en que ha explotado un conflicto para resolver el conflicto es:

  • No somos jueces, somos mediadores. Acompañaremos en la resolución del conflicto.
  • Debemos ofrecer un modelo adecuado. Sin chillar, sin gritar, respetando a todas las partes para acompañarles. Si no ofrecemos un buen modelo, nuestros hijos aprenderán una mala manera de afrontar esta situación.
  • Tenemos que tener en cuenta que el tiempo es muy importante. No podemos resolver la situación cuando nos estamos yendo a comprar y estamos saliendo por la puerta y paramos un momento para intentar resolverlo. Es mejor dejarlo aparcado para sentarnos con tranquilidad cuando regresemos a casa.

Si nos imaginamos que ha sucedido un conflicto y queremos resolverlo mediando con nuestros hijos e hijas deberemos seguir unos pasos muy claros. Una vez estamos todos tranquilos, le vamos a dedicar tiempo, nos hemos sentado en una mesa para resolver el conflicto, etcétera… seguiremos cuatro pasos muy importantes.

1. INFORMACIÓN

Vamos a hablar de qué es lo que ha sucedido. Les preguntaremos qué ha pasado y qué información nos pueden dar. Es importante respetar el turno de palabra, que nosotros gestionaremos. Preguntamos a los dos hermanos o hermanas en conflicto y, simplemente, recoger la información. Sin juzgar y sin posicionarnos. Hablando de manera tranquila y pausada.

Se recomiendo anotar en una hoja lo que cada uno de ellos nos van diciendo. Esto ya puede ayudar a que cada uno se pueda escuchar, pueda ver la perspectiva y visión de la otra persona y tener un primer paso hacia la empatía. Entender cómo se ha podido sentir la otra persona.

2. EMOCIONES

Preguntamos a cada uno de nuestros hijos e hijas de cómo se han sentido: vergüenza, frustración, rabia, tristeza, alegría, pena,… anotamos las emociones que se les han despertado durante el conflicto, de manera que seguimos trabajando la empatía.

3. CÓMO HE ACTUADO Y DE CUÁNTAS MANERAS LO PODRÍA HABER HECHO

En este caso debemos anotar cómo han actuado cada uno de ellos o ellas y que nos digan tres o cuatro actuaciones diferentes posibles. Si vemos que no nos dicen nada, podemos decirles qué hubiera hecho en su lugar un amigo, primo, padre, madre, etcétera.

4. QUÉ OPCIÓN ELEGISTE Y QUÉ OPCIÓN ES LA MEJOR

En este momento pueden reflexionar sobre si su actuación fue la mejor de las diferentes maneras posibles. Nos ayuda a prevenir posibles situaciones en que suceda lo mismo.

Nosotros estamos mediando y son hijos e hijas los que están analizando la situación y haciendo propuestas. Nosotros no decimos si uno u otro tiene razón, lo pueden llegar a decir ellos o ellas. Si actuamos como jueces también pueden tener sentimientos de injusticia y que se despierten emociones negativas difíciles de gestionar.

Podrán proponer ahora sus soluciones y estarán aprendiendo a solucionar sus conflictos de manera autónoma.

PERO,… ¿CÓMO ACTÚO DURANTE ESTE PROCESO?

  • Situarnos siempre a la misma altura que nuestros hijos. Si nos vamos a sentar, nos sentamos todos. Nosotros no nos podemos quedar de pie como padres o madres. Para ofrecer el rol de mediación nos sentaremos y tendremos una mirada a la misma altura que ellos, para sentirnos cercanos y expresar las emociones con tranquilidad.
  • Vigilar nuestro tono de voz, volumen, comunicación no verbal, gesticulaciones, etcétera. Una pelea entre hermanos es una oportunidad para educar, no algo que debamos evitar.
  • Cuando entre hermanos no hay conflictos, como padres y madres no podemos demostrar lo bien que educamos. Debemos desear que aparezca algún conflicto para poder demostrar cómo les vamos a acompañar en la resolución y en la gestión de el conflicto.
  • Actuaremos con tranquilidad, sin prisa para finalizar la resolución.
  • Debemos ser constantes: recordar la resolución días después para ver cómo van los acuerdos a los que habían llegado.

Así, recordad: un conflicto es una oportunidad deseable y necesaria, y les acompañaremos mediando para que aprendan cómo resolver los conflictos de manera autónoma.

Y siempre, siempre, intentad resolver aquella situación conflictiva antes de ir a dormir, para poder ir a dormir con una emoción lo más positiva posible.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *