Ser padre

Yo soy ese hombre blandengue

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Pues sí. Yo soy ese hombre blandengue. Y a mucha honra. Hace ya muchos años de estas declaraciones que, ya en la época, escandalizaban a muchos y a muchas. A una semana del 8M parece que, aunque avanzamos en muchos sentidos, en otros vamos para atrás. Un claro ejemplo es la ocurrencia de plantear una contramanifestación a la del próximo viernes. Negando toda una realidad ¿Cómo es esto posible?

Durante mis 20 años de experiencia he podido recoger datos objetivos sobre el papel del hombre en la crianza. O más bien su nulo papel. En las reuniones en que se convocaba a la familia para hablar de sus hijos e hijas puedo confirmar que en un 70 % de las reuniones acudía la madre sola. En un 20 % acudían padre y madre (aunque en casi todas la madre habla y el padre asiente). Y el 10 % restante era otra tipología familiar o acudía solo el padre. Ésta es la verdadera realidad. El 80 % de seguidoras que tengo en Instagram son mujeres. Teniendo en cuenta que la temática es en relación a la crianza y la educación de los hijos e hijas es bastante significativo. Y podría seguir dando datos, ejemplos y experiencias sin parar. Uno de los objetivos de “Camina” es empoderar a la figura masculina en la crianza, rompiendo mitos, estereotipos y realidades. Puedo decir que, en los últimos años, se está viviendo una implicación y un “despertar” del hombre en la crianza. Cada vez somos más los hombres “blandengues”.

Pero, déjenme decirles que están totalmente equivocados. Los hombres blandengues son ellos. Es fácil querer ser un “tipo duro y macho”. Eso es lo más fácil. Los que no se implican en la crianza de sus hijos. Los que se desentienden de las tareas domésticas. Los que se aponsentan con una cerveza en la mano en el sofá porque lo que pasa en casa no va con ellos. Los que piensan que hablar de emociones es de “maricas”. Los que no van a las reuniones de la escuela ni saben el nombre de la maestra o maestro. Los que no hablan de emociones ni sentimientos. Los que no saben pedir perdón. Los que no saben llorar. Los que reenvían videos denigrantes. Ellos son los hombres blandengues.

Un hombre fuerte remueve la agenda, cielo y tierra para poder asistir a las reuniones de la escuela. Un hombre fuerte habla de emociones con sus hijos e hijas. Un hombre fuerte tiene claro que las tareas domésticas no tienen género. Un hombre fuerte saca tiempo para sus hijos e hijas de dónde sea. Un hombre fuerte no reprime sus emociones y sentimientos. Un hombre fuerte tiene el valor de pedir perdón. Un hombre fuerte trabaja duro en todos los lugares: en el trabajo y en la familia. Un hombre fuerte respeta, ama, tolera, consiente, comparte, educa, lee, conversa,…

Perdonad que os diga que, hasta que no se me demuestre lo contrario, las fuertes son ellas. Y yo, humildemente, intento seguir su ejemplo. Puedo decir, orgulloso, que yo también quiero ser ese hombre blandengue. Y a mucha honra.

#YoSoyEseHombreBlandengue

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